6 claves para organizar una cata de vinos

6 claves para organizar una cata de vinos

Francesc Olalla

01-04-2019

Desde que el grano de uva empieza a madurar hasta que se consume la última botella de esa añada o cosecha, los controles que se realizan sobre un determinado vino son innumerables. Empezando por el análisis del grado de la uva a medida que madura, hasta el embotellado pasando por las catas del mosto en el momento de la pisa o mientras fermenta o durante la lenta crianza en las bodegas, las fases por las que pasa la elaboración del vino se caracterizan por los continuos análisis que realizan los enólogos y los distintos especialistas, primero con el objeto de  controlar, corregir y dar forma al vino y, una vez concluido el proceso de elaboración, para catalogar y evaluar el producto final. Esta última fase se realiza a través de las catas.

A través de la cata, sometemos al vino a nuestros sentidos con el objeto de hacer una valoración del mismo y darle una valoración con la que catalogarlo. Es muy importante el resultado de las catas ya que de ellas dependerá el prestigio de un determinado vino en un determinado momento. 

Nuestra particular cata de vinos

Las catas realizadas por los más prestigiosos profesionales son las que dan categoría a los vinos, sin embargo, no son patrimonio exclusivo de los enólogos. Cualquiera de nosotros puede realizar sus propias catas.
No necesitaremos un gran despliegue de recursos para organizar una cata. Voy a dar una serie de pautas para realizar una cata.

 

1. Lugar. Es muy importante ya que debemos elegir un sitio, que reúna estas características.

  • Comodidad. Deberá ser un espacio amplio donde estemos lo más cómodo posible.
  • Sin olores. Es básico que no haya olores que puedan distraer nuestro olfato: hay que evitar estar cerca de alguna cocina, debe estar libre de humo de tabaco o de cualquier otro foco que pueda afectar. Esto es extensible a nosotros mismos: evitaremos, en el momento de la cata, ponernos cualquier tipo de perfume, colonia o desodorante.
  • Mesa. La mesa deberá ser blanca o estar cubierta por un mantel blanco de manera que el análisis visual del vino no tenga ningún elemento que pueda matizarlo.
  • Luz. Lo ideal sería un espacio con luz natural, por lo que evitaremos las últimas horas de la tarde o la noche y elegiremos un espacio con ventanales o espacios que permitan la entrada de la luz natural. Si no es posible, intentaremos que la luz sea blanca, evitando fluorescentes.                                              

2. Material. No necesitaremos mucho material, no pueden faltar, por supuesto, las copas de cata en la que la boca será más estrecha que el cuerpo para concentrar los aromas. Al menos necesitaríamos una copa por tipo de vino. Precisaremos escupideras, recipientes de boca ancha opacos donde desechar el vino que no vamos a beber, de las copas y para escupir el vino que no tragaremos. En una cata no se bebe el vino ya que podríamos terminar ebrios…

3. Comida. A no ser que se trate de un maridaje, para lo que, evidentemente, utilizaremos los productos a maridar, en un cata no acompañaremos ningún tipo de comida, a excepción de pan que servirá para limpiar el paladar y no contaminar nuestras papilas si vamos a catar más de un vino y agua que utilizaremos para el mismo objetivo.

4. Documentación. Mientras no seamos unos expertos catadores, es aconsejable que antes de la cata, nos documentemos sobre las denominaciones de origen que vamos a trabajar, sobre la bodega productora en cuestión y sobre los vinos en particular.

5. Anotaciones. Deberemos hacer una ficha de cada uno de los vinos que vamos a catar en la que anotaremos todas las propiedades del vino que seamos capaces de apreciar. 

6. Hora. He dejado para el final esta premisa más que por su importancia en la cata en sí misma, por lo que representa: después de una cata entre amigos, debe seguir una buena comida o una buena cena, por lo que lo ideal es realizar la cata unas horas antes de la comida o de la cena.

Una cata puede ser una excusa para pasar unas horas entre amigos mientras hacemos nuestras modestas valoraciones sobre un vino.

El hecho de valorar o vino no es más que el resultado de un entrenamiento de nuestros sentidos. Al principio, no seremos capaces más que de identificar algunas de las propiedades que el productor nos ha indicado, pero con el tiempo y la práctica, podremos, sin información previa, llegar a conclusiones bastante cercanas a las de los enólogos profesionales: se trata de constancia y entrenamiento…

Os invito a que, modestamente, organicéis  una cata en la que anotéis todas las sensaciones que seáis capaces de detectar. Repitiendo este ejercicio, y comparando los resultados con el tiempo observaréis la evolución: es una experiencia digna de vivir.

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Francesc Olalla

Técnico Superior en Restauración. Experto en producto y en producción de cocina transportada. Apasionado por la cocina en todas sus variantes de elaboración y de gestión. 

Curso Técnico en Enología y Sommelier

Existen más de 4000 bodegas, que emplean a miles de personas en diferentes funciones, departamentos y empresas del proceso de producción, desde el cultivo hasta la distribución y venta.

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