7 consejos de enología para ir a una cata de vinos

7 consejos de enología para ir a una cata de vinos

CEAC

11-02-2019

El mundo de la enología nos ofrece infinitas experiencias a todos los niveles, desde la historia tanto de los vinos y bodegas como la del propio vino en sí desde sus orígenes; experiencias a nivel geográfico: las zonas vinícolas nos abren las puertas a conocer nuevas culturas y tradiciones; incluso experiencias incluidas en disciplinas como la química en todo su proceso de transformación del mosto al vino, por no hablar de las experiencias agrarias derivadas del cultivo y mantenimiento de la vid. Pero sin duda alguna una de las experiencias más enriquecedoras y didácticas es la cata.

Cuando nos enfrentamos la primera vez ante una cata, tenemos una cierta sensación, si no de miedo, sí de un cierto respecto, y aunque, realmente, realizar correctamente una cata no es una tarea sencilla, tampoco hay que tener temor. 

Hay que empezar paso a paso y no olvidar nunca que catar un vino es un proceso que precisa mucho entrenamiento. 

 

Momento cumbre de la enología: la cata de vinos.

Para iniciarnos en el mundo de la cata de los vinos, vamos a tener en cuenta una serie de conceptos que nos ayudarán, junto con el tiempo y la práctica, a poder distinguir las características de los vinos. 

Durante la cata, deberemos tener todos nuestros sentidos totalmente concentrados en lo que rodea al vino o a los vinos que vamos a probar. No debe haber elementos que puedan distraer nuestra atención. En este momento, nuestros sentidos serán nuestros mejores aliados y nuestros peores enemigos para lograr nuestro objetivo. 

 

Vamos a ver unos consejos que deberemos tener presentes en  nuestro cometido.

1. Preparación de nuestro organismo. Cuando realicemos una cata procuraremos no acudir con el estómago vacío, pero tampoco lo haremos nada más terminar de comer. Evitaremos comidas excesivamente especiadas o de sabores fuertes. Lo ideal son platos a base de pasta.

2. Lápiz y papel. Importantísimo apuntar todas nuestras sensaciones durante la cata, previa anotación de la ficha del vino. La memoria es frágil y cuando hayamos probado varias decenas de vinos a lo largo de los meses, no seremos capaces de recordar las características de uno en concreto.

3. Agua y pan. Tanto si vamos a probar varios vinos como si vamos a probar un mismo vino varias veces, es recomendable enjuagarnos la boca para eliminar los restos de vino, y no estaría de más ingerir una pequeña cantidad de pan para empezar una nueva prueba sin reminiscencias de la anterior. Aprovecho para indicar que hay que probar los vinos de menor a mayor graduación, para poder eliminar más fácilmente los restos en boca.

4. Entorno. Antes de empezar a probar, nos aseguraremos de estar en un lugar seco, ventilado y sin humedades. Lo ideal es tener luz natural, pero si no es así procuraremos una luz intensa blanca. A modo de tapete, usaremos un fondo totalmente blanco: el color del vino se observa sobre un fondo blanco no encarando la copa a la luz.  

5. Vista. Nuestro primer análisis será el visual. Nos fijaremos en el color (sobre el fondo blanco) teniendo en cuenta que el color será diferente si vemos el contorno del vino o el centro de la copa; comprobaremos la opacidad o transparencia, y en las lágrimas que quedan en la copa al girar la copa con el vino.

6. Olfato. Realizado el análisis visual, nos fijaremos en los aromas. En primer lugar intentaremos descubrir los aromas sin apenas mover el vino, y una vez realizado este análisis, giraremos la copa con fuerza para hacer que el vino se abra y desprenda el resto de los aromas. Nos sorprenderá la diferencia…

7. Gusto. Será la última fase de la cata. No conviene tragar el vino sino que una vez hayamos realizado un buen sorbo del mismo, lo pasaremos por toda la boca, por la zona más cercana a los labios y por la más alejada,  así como por debajo de la lengua y por los laterales. Después lo escupiremos en alguna cubitera o recipiente donde también iremos descartando los restos de los vinos.  De esta manera podremos detectar su textura, su acidez y su grado alcohólico. En cada una de las zonas de la boca podremos detectar los cuatro tipos de sabores: dulce, ácido, amargo y salado (no voy a entrar en lo que algunos identifican como umami, el quinto sabor).

Con esta sencilla guía, os animo y os invito a que lo intentéis. Es una experiencia muy agradable, y si podéis realizar la cata con un grupo de amigos, todavía lo será más, y la magia del momento no la olvidaréis. Os lo aseguro.

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