Anorexia infantil

CEAC Blog

12-03-2013

Es importante diferenciar entre la anorexia infantil y la que tiene lugar en la adolescencia. Para resumirlo y hacerlo fácil a los lectores, podríamos decir que la primera tiene lugar cuando existen alteraciones en la interacción madre-hijo y la segunda se da cuando hay temor a la obesidad en un cuerpo en transformación. Por supuesto, cabe decir que tanto en una como en la otra intervienen más factores.

No hay que olvidar tampoco que anorexia no es otra cosa sino “falta de apetito”, es importante de cara a evitar “alarmas” ante los padres por el “estigma social” de esta palabra.

En el caso de la anorexia infantil, menos frecuente, las causas pueden ser orgánicas (catarro, anginas, enfermedades digestivas, etc.) y también psicógenas (60% de los casos).

Dentro de las causas psicógenas, las más habituales son: interrupción de la lactancia materna, nacimiento de un nuevo hermano/a, entrada en la guardería, interrupción brusca del contacto con la madre, niños muy activos, exigencias y ambiente coercitivo a la hora de comer, ambiente familiar hostil, etc.

El problema suele aparecer antes de los 6 años de edad aunque puede prolongarse durante más tiempo. De todas maneras tienen mejor pronóstico en general que las anorexias nerviosas (adolescencia).

El tratamiento más efectivo debe centrarse primero en la atención médica para lograr restablecer el equilibrio nutricional (pues va a influir de forma positiva tanto a nivel corporal como psicológico) y combinarla después con psicoterapia para afianzar en el tiempo unos nuevos hábitos más saludables.

Por último, quiero compartir el decálogo de los ingredientes para un niño bien alimentado que expone Josep Bras i Marquillas en su libro “El niño que no come: relación y conducta alimentaria” (2005, Masson):

1- Una gran variedad de alimentos y un ambiente alegre y confiado a la hora de la comida.

2- Quien mejor sabe qué y cuándo dar de comer a sus hijos son los padres, pero quien mejor sabe cuánto deben comer son ellos mismos.

3- Un aviso previo cinco minutos antes de la comida permite acabar juegos o actividades, lavarse las manos, ayudar con los preparativos y prepararse para comer.

4- Comer con la televisión encendida impide conversar. Por ello se recomienda apagar el televisor. Sin embargo, alguna comida con un programa que guste a toda la familia puede estar bien de vez en cuando.

5- Procurar que la comida sea un momento agradable en un ambiente acogedor. No permita que se convierta en una escena de lucha.

6- Si el niño deja de comer una comida no hay que preocuparse. No tenga miedo de que se quede con hambre. ¿Qué es peor, que no coma alguna vez o unos padres esclavos de los caprichos de su hijo?

7- Ofrecer alimentos variados y sin exigir que coma ninguno en concreto. Si les prestamos demasiada atención a las manías conseguiremos que se aferre a comer sólo algunos alimentos. Si se los ofrecemos de vez en cuando poco a poco los irá probando. A veces tardará mucho o lo probará muchas veces antes de que le guste pero tiene toda la vida por delante. Nunca le forzaremos a probar alimentos nuevos.

8- Las manías a un alimento concreto forman parte del desarrollo normal. ¿Quién no lo recuerda de su propia infancia?

9- Los niños imitan lo que ven, si los adultos llevan un régimen alimenticio inadecuado no pueden esperar que sus niños coman bien. Démosles ejemplo comiendo con un horario regular y seleccionando alimentos sanos y variados.

10- Si el niño no se comporta bien, haga que se vaya a su habitación o se siente fuera de la mesa hasta que la comida haya terminado, sin llevarse la comida ni regresar a tomar el postre, hasta la siguiente hora de la comida.

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