Claves para sacerle provecho al big data en tu empresa

Claves para sacerle provecho al big data en tu empresa

Carlos Guillén Burguillos

29-12-2016

Qué es el Big Data

El Big Data, como su propio nombre indica, es el almacenamiento masivo de datos. Vivimos en una sociedad excesivamente dependiente de los ordenadores, teléfonos móviles, tabletas y otros dispositivos similares. Todos estos almacenan datos de una u otra forma. Por ejemplo, Google registra las búsquedas que realizamos, y las asocia a nuestra cuenta de correo (con nuestro perfil), o a nuestra cuenta de Facebook o de otras redes sociales.

Cuando en Twitter hacemos un retweet o seguimos unos u otros perfiles, estamos dejando un registro que de alguna manera quedan registrados.

Como puedes imaginar, si sumamos todos los datos de registro en nuestra actividad diaria en todas las redes sociales, buscadores de Internet, etc. obtenemos una cifra de locura de datos almacenados. Cada día se generan más de 3 billones de gigabytes de datos.

La información es poder

Los dirigentes empresariales cada vez lo tienen más claro. Cuanta más información puedan tener del mercado, mejor. Manejar información de sus clientes (y especialmente de clientes potenciales) y de sus proveedores es vital para seguir vivo en la selva que se está convirtiendo la competencia empresarial.

Es por ello que las empresas compran datos. El acceso al Big Data es esencial para saber dónde vender, cuándo vender y a quién vender. Las estrategias de marketing necesitan como el comer esta información, para centrar sus esfuerzos en los segmentos de mercado potenciales.

Cómo obtienen las empresas los datos

La pregunta que nos podríamos hacer ahora es… ¿cómo obtienen las empresas acceso a estos datos? ¿Cómo es posible que los datos se puedan vender y que el acceso sea tan fácil si las leyes de protección de datos son cada vez más estrictas? Pues bien sencillo. Cada vez que nos registramos en cualquier plataforma, red social o página web, autorizamos que nuestro registro de datos e incluso nuestros datos personales puedan ser utilizados por esa empresa o por empresas terceras. En este “empresas terceras” entra el negocio de los datos. Y si no aceptamos, simplemente no tenemos acceso al servicio.

Una de las empresas que hace más negocio con estos datos es Google. Cada vez que realizamos una búsqueda en este portal, de alguna manera queda registrada nuestra búsqueda, junto a nuestro perfil de Gmail, nuestra IP (dando de esta manera acceso a la zona donde nos ubicamos), la hora, el día… Toda esta información queda almacenada en gigantescos servidores. A continuación, las empresas que necesitan esta información acuden a Google y la compran.

Cuando se compran datos, existen varias modalidades. Las más habituales son las de comprar direcciones de correo electrónico junto a las preferencias, gustos y otros datos; o simplemente se pueden comprar los datos genéricos (por ejemplo, chico de 30 años residente en Santander sin estudios suele buscar en Internet información sobre videojuegos, fútbol y ropa deportiva).

El negocio de los datos

El uso que le dan las empresas posteriormente a estos datos comprados es muy diverso. Una de las prácticas más habituales es colocar banners de publicidad destinada especialmente a cada usuario dependiendo de su perfil.

Por ejemplo, cuando una persona cambia su estado en Facebook a “comprometido” que se espere para recibir información sobre organización de bodas, viajes y vestidos de ceremonia. En cambio, cuando cambias el estado a “casado” es posible que te lleguen anuncios sobre productos relacionados con bebés, por lo que pueda venir. Siempre me ha hecho gracia que habitualmente, cuando utilizo el ordenador de algún alumno para realizar alguna consulta, aparecen anuncios de portales de chicas, de fútbol o de videojuegos. En cambio, cuando utilizo el ordenador de alguna alumna, me encuentro anuncios de ropa o actividades culturales. Cuando Facebook, Twitter o Instagram detectan que tienes 17 años, es posible que recibas información sobre la oferta universitaria de la zona donde vives.

Hay gente que no le da importancia, pero si analizamos la publicidad que recibimos nos daremos cuenta de que nos tienen catalogados por cómo somos, qué pensamos, dónde vivimos, nuestros estudios…

Marketing personalizado

Pues bien, llegamos aquí para explicar un concepto que cada vez está más extendido en todas las empresas. Se trata del marketing personalizado, que consiste en publicitar los productos de una compañía y/o la marca en función de quién tienen delante. Las inserciones de banners en Internet se pagan por unidades, y las empresas delimitan muy bien a quién enseñan ese anuncio. No es rentable insertar un anuncio en una página web que lo pueda ver todo el mundo, a no ser que se trate de un portal temático (por ejemplo, en un portal de baloncesto se puede insertar publicidad de ropa de baloncesto sin tener que filtrar por usuario).

Estas técnicas de marketing parecen innovadoras, pero ni mucho menos. Siempre han existido, con la única diferencia de que hasta ahora no se utilizaban bases de datos sino que se insertaban anuncios pensando en el mejor momento y mediante el mejor canal. En este sentido, por ejemplo, si vemos un partido de fútbol, en el descanso siempre anuncian coches, máquinas de afeitar o casas de apuestas deportivas.

No es casualidad. Nos catalogan en función de nuestros gustos, edad, rutinas… Puede ser que a veces no acierten, pero la mayoría de veces sí lo hacen, y en base a este acierto se sustenta el éxito de una campaña publicitaria del siglo XXI. En llegar directamente al cliente potencial que puede ser interesante para vender nuestro producto.

¿El Big Data es bueno o malo?

Que nuestros datos estén alojados en miles (o millones) de servidores repartidos por todo el mundo, ¿es bueno o malo?

Esta respuesta depende de la opinión de cada uno. Personalmente, no me preocupa en exceso que crucen mis datos para ofrecerme publicidad que se ajuste a mis gustos y a mis características personales. Al fin y al cabo, incluso encuentro interesante recibir ofertas que se puedan ajustar a mis gustos. Después ya me tocará a mí elegir entre comprar o no hacerlo.

Y tú, ¿qué opinas?

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Carlos Guillén Burguillos

Licenciado en ADE y en Economía. Máster en Educación y TIC. Profesor del área de empresa en varios centros. Impulsor de nuevos negocios. Apasionado del deporte, la música y la lectura.