Desobediencia y agresividad: Cómo actuar

CEAC Blog

16-10-2012

Es importante recordar que los niños que se desarrollan como seres independientes no siempre estarán de acuerdo con todo el mundo, cosa esperable por otro lado. Los desacuerdos son habituales en la vida y una de las formas de manifestarlo es mediante la agresividad.

A través de la desobediencia, los niños ponen a prueba los límites de sus profesores para saber si son inamovibles o negociables. Los niños que contestan, lloriquean, interrumpen la clase constantemente, no hacen sus deberes, no se quedan quietos y no acuden cuando se les llama son niños desobedientes.

La desobediencia tiene múltiples manifestaciones y se afina y vuelve más compleja a medida que el niño crece, por lo que es importante estar atentos y modificar ciertas conductas cuando veamos que son inaceptables. Veamos cuales son estas manifestaciones:

- Agresividad física: escupir, pegar, morder… Es común entre los dos y los cuatro años como respuesta a la frustración o la excitación.

- Agresividad emocional: gesticulación de la cara, rabia, aumentar tono de voz, insultos…

- Agresividad cognitiva: fantasías destructivas, elaboración de planes agresivos…

No hay que prestar atención ni reforzar (aunque sea de forma negativa) las conductas agresivas verbales y sí reforzar las contrarias. Se trata de no reforzar aquella conducta que queremos eliminar y reforzar la que queremos que se repita.

En el caso de la agresividad física, no se debe tolerar, por lo que será necesario etiquetar la acción (“no se muerde”) sobre todo si es muy pequeño, y si sigue sin hacernos caso, tenemos dos opciones: hacer que pierda un privilegio o bien utilizaremos la sobrecorrección.

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