El futuro de la industria del automóvil

El futuro de la industria del automóvil

Ricardo Romero

02-03-2017

La prosperidad de nuestro país depende de nuestra capacidad para mantener el sector industrial de que disponemos y para evitar la deslocalización de las empresas a terceros países, proceso que nos transformaría en una mera economía de servicios sin base que la sustentara. A continuación vamos a ver los puntos importantes a mejorar en este ámbito.

Puntos a mejorar en la industria del automóvil

Los derechos de los trabajadores y el respeto y protección del medio ambiente deberían ser valores efectivos y universalmente asumidos y deberían, también, escapar al juego de la competencia y de las ventajas comparativas a nivel mundial. Lamentablemente hoy no es así y la ausencia o el no debido reconocimiento de esos valores con la misma intensidad es un auténtico desequilibrio que nos lleva a la necesidad de luchar por el objetivo de globalizar el progreso social.

Una de las cosas importantes a mejorar es potenciar el mercado interno, dado que constituye una de las razones básicas para el mantenimiento de establecimientos fabriles. Una mayor rigurosidad en las inspecciones técnicas de vehículos y mayores sanciones para los propietarios que no las pasan sería una buena medida para mejorar la calidad de nuestro parque. Un Plan Prever con medidas más decididas constituiría una óptima medida de fomento cara al objetivo de rejuvenecer el parque automovilístico, con las consiguientes ventajas de menor contaminación y mayor seguridad vial. También mejorar nuestras infraestructuras en el sentido amplio del término. No obstante el importante esfuerzo desplegado hasta el momento, nuestra dotación infraestructural de transportes y comunicaciones es mejorable y sobre todo hay que incrementar las dotaciones para la conservación y el mantenimiento de las que tenemos.

Especial hincapié debe hacerse en nuestras conexiones con Francia, a través de los Pirineos. De no conseguirlas, los pasos actuales estarán colapsados en breves fechas y corremos el riesgo de ser una «isla» magníficamente comunicada. Traspasar los Pirineos por carretera y ferrocarril y establecer las denominadas «autopistas del mar» son una cuestión vital para remediar o paliar el inconveniente de nuestra posición geográfica periférica, que la ampliación de la Unión Europea ha acentuado. Mejorar la productividad entendida como la relación existente entre la producción y los factores productivos empleados. España ha alcanzado sus niveles de convergencia con empleo y deberá hacerlo en el futuro con mayor productividad. También reforzar el esfuerzo inversor de las empresas en investigación, desarrollo y, sobre todo en nuestro sector, innovación (I+D+i), mejorando, si cabe, el cuadro de deducciones que nuestro sistema fiscal ofrece. Atender a la formación y cualificación de los trabajadores de una forma más intensiva y eficaz que la desplegada en la actualidad.

El contar con personal cualificado, que sea susceptible de formarse en un proceso permanente y continuo de adaptación a las nuevas realidades e innovaciones tecnológicas que mantenga la cualidad de su «empleabilidad» constituye sin duda un objetivo prioritario. Potenciar las infraestructuras y centros tecnológicos existentes conectando la investigación básica con las necesidades de investigación aplicada que tiene el sector, mejorando la tarea, siempre pendiente, de la cooperación entre Universidad y empresa y acercando los referidos centros al sector, mediante actividades de interrelación y difusión de sus realidades y potencialidades. Intensificar, aún más, la necesaria vinculación entre los fabricantes y la industria de componentes, mal llamada históricamente industria auxiliar. En los modernos procesos de producción, su diseño e intervención son decisivos y así hay que reconocerlo. Mantener los pactos de moderación salarial y profundizar, a través de normas legales o reglamentarias y convenios, en la necesaria flexibilidad laboral, al objeto de vializar la máxima de fabricar los productos que el mercado demande y cuando los demande, con una plena adaptabilidad al mismo de los procesos productivos. En este orden de cosas, el contrato eventual por circunstancias de la producción, las horas extraordinarias, el cómputo de la jornada y vacaciones en períodos superiores al año y la modificación individual de las condiciones de trabajo son temas abiertos al consenso de los agentes sociales y, en su caso, a modificaciones normativas.

También reordenar la imposición indirecta, suprimiendo la fiscalidad sobre la adquisición del vehículo, sin parangón en Estados fabricantes, y trasladando dicha carga fiscal al uso, a la tenencia y a la circulación, bajo el principio de neutralidad fiscal, es decir, sin merma alguna de recaudación para las arcas públicas. También abordar la fabricación de productos de mayor contenido tecnológico o de más alta gama, abandonando actividades caracterizadas por el uso intensivo de mano de obra para las que hoy no somos ya competitivos.

Reducir las elevadas tasas de temporalidad de que adolece —30% del empleo, porcentaje superior en tres veces a la media de la UE—. Aunque la temporalidad no es una característica del sector del automóvil (10%), sin embargo es un factor a mejorar por cuanto impide, o cuando menos desincentiva, la formación de los trabajadores y constituye un impedimento para la seguridad del sistema y la productividad.

El riesgo de la deslocalización indudablemente existe, pero el sector debe de afrontarlo con optimismo y con espíritu de superación, aunque también con plena conciencia de sus potencialidades y realidades y con la esperanza de superar los retos que la nueva situación plantea. ¿Crees que tendremos la capacidad de superar estos retos?

Curso relacionado: Electromecánica de Vehículos Automóviles

Profile picture for user Ricardo Romero
Ricardo Romero

Ingeniero Técnico Industrial especializado Electrónica Industrial. Técnico Superior de Electromecánica de Vehículos y técnico Hardware/Software de Sistemas Informáticos.