El reto del transporte del Gas Natural

CEAC Blog

03-03-2015

Para la mayoría de los hogares de este país, el gas natural es una de las principales fuentes  de energía y casi todos los ciudadanos somos conscientes de ello ya que, aunque el uso de gasodomésticos no esté muy extendido en España, sí hay un número importante de hogares que se abastecen de agua caliente y calefacción gracias al  gas natural.

Estamos hablando del combustible fósil con menor impacto ambiental y, lo sepamos o no, pagamos su factura, al igual que la factura eléctrica, sin hacernos demasiadas preguntas a cerca de su procedencia o de sus ventajas, y no vamos a entrar hoy a discutirlas, pero sí a matizar que, mientras que parte importante de la electricidad consumida en España se produce también en España, el gas natural consumido en España es importado en su totalidad. Son los países de Oriente Medio, Rusia y EEUU los principales productores-comercializadores de este tipo de combustible y hoy os queremos comentar el reto que supone transportar estas grandes cantidades de gas desde su lugar de origen hasta los países que lo consumen.

La primera alternativa para el transporte de gas gatural son los gasoductos, redes de tuberías de acero enterradas a profundidad de entre 1 y 2 metros, por las cuales el gas circula a alta presión desde el lugar de origen hasta el centro de distribución. Los gasoductos pueden cruzar mares y para ello, el tendido de tuberías se realiza con grandes barcos que funcionan también como fábricas de tuberías.

Pero la opción para el transporte de gas natural, a grandes distancias desde lugares apartados donde la construcción de gasoductos no resulta ni viable ni económica, pasa por convertirlo en líquido, para reducir de esta forma su volumen, y contenerlo en tanques para su traslado. Así pues, el Gas Natural Licuado (GNL) no es más que gas natural que ha sido convertido en líquido para su exportación a otros países. Una vez el GNL llega a su punto de destino, es convertido otra vez al estado gaseoso para su distribución por gasoductos hasta los puntos de consumo.

Actualmente, son 18 los países en el mundo que disponen de instalaciones que permitan exportar GNL, situándose Qatar a la cabeza de las mismas. Simplificando mucho el trabajo que realizan estas instalaciones (que deben cumplir unas estrictas normas y protocolos de seguridad) lo que hacen es enfriar el gas tratado hasta más de -160 °C,  ya que esta es la temperatura a la cual el metano (el componente principal del gas natural) pasa a estado líquido.

Los buques metaneros son los barcos construidos especialmente para transportar el GNL y la construcción de los mismos supone un reto tecnológico ya que deben mantener la carga a temperatura constante de unos -160ºC, y a presión atmosférica, durante todo el traslado. Estamos hablando de barcos gigantescos de casi 300 metros de eslora y unos 50 m de manga que, curiosamente, aprovechan el propio combustible que cargan para impulsar los motores. Esto es debido a que, pese a que los actuales buques son extremadamente eficientes y permiten reducir al máximo el efecto boil-off (GNL que se convierte de nuevo  a gas), las pequeñas cantidades de gas evaporado que inevitablemente se producen durante el transporte, son, en parte, aprovechadas como combustible del buque, y el resto nuevamente convertidas a GNL.

 

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