El vino y la salud, beneficios y contraindicaciones

El vino y la salud, beneficios y contraindicaciones

Noemí Ojeda

11-04-2016

Posiblemente ya en el Antiguo Egipto el vino era uno de los pilares en la alimentación y acompañamiento de comidas, aunque no fue hasta la época de esplendor griego donde adquiere más presencia en banquetes y celebraciones en torno a la mesa, que llega hasta nuestros días actuales teñido de un interesante tinte preventivo en materia de salud y rejuvenecimiento. Mucho se habla de su papel antioxidante y su buen efecto sobre el sistema cardiovascular, pero, ¿es cierta la relación entre el vino y la salud?, ¿podemos alcanzar un mejor estado de salud a través del consumo moderado de vino?

Generalmente esta teoría es cierta a pesar de necesitar matices cualitativos y cuantitativos a partes iguales para no pecar de excesos. Avalando esta afirmación, el British Medical Journal publicó un estudio que revelaba que las personas que se decantan por un consumo frecuente de vino suelen comprar a su vez alimentos más sanos y tener una dieta más equilibrada que los consumidores habituales de cerveza. Según estos datos, los enófilos consumen más aceitunas, frutas, verduras, quesos bajos en grasa, leche y carnes de mayor valor ecológico.

Preguntémonos en este momento qué beneficios nos aporta el vino para que hayamos de tenerlo presente en el día a día de nuestra alimentación, ya que, de hecho, los nutricionistas lo incluimos en la pirámide alimentaria, no haciéndolo así con la cerveza, bebida alcohólica también considerada alimento.

Si buscamos la palabra vino en Google, nos aparece descrita como “una bebida obtenida de la uva mediante la fermentación alcohólica de su mosto o zumo”.

Remontándonos pues a esto, deducimos que el primer ingrediente del vino es el caldo obtenido por el prensado de la uva, fruta rica en azúcares simples, vitaminas, minerales, fibras y otros oligoelementos antioxidantes como el resveratrol.

La fermentación alcohólica que lo produce se da por la acción de unos microorganismos llamados levaduras, que se encargan de transformar estos azúcares que componen el mosto o zumo de la uva, en etanol y gas dióxido de carbono. Y, tras estas acciones, comenzaría la aparición de cada tipo de vino siendo cada uno diferente del resto en color, olor, textura, composición alcohólica, azúcares y, obviamente, gusto.

La diferenciación de cada vino depende de los factores externos que rodean la producción del vino, tipo de tierra y composición de minerales de la misma, los cuales también son absorbidos por el vino, tipo de aire, humedad del ambiente, tipo de uva, y tipo de levadura que lo fermenta.

Haciendo un alto en este punto, es importante destacar que cada paso que se produce en la obtención del producto final, el vino, es un proceso de obtención de nutrientes favorables para nuestra salud. Un ejemplo de ello es la conservación del resveratrol, un derivado alcohólico desprendido de la fermentación por las levaduras que se encuentra originariamente en la piel y pepitas de la uva y que, sin dicho proceso fermentativo, no conseguiríamos, puesto que son los microorganismos los que lo producen en su acción metabólica.

Aunque no existe una evidencia científica clara de su actuación en el organismo en los meta análisis realizados como elemento preventivo o terapéutico en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares o cáncer; es demostrable su acción antioxidante en el mecanismo de las mitocondrias. Siendo así, y con más estudios a su favor, podría llegar a demostrarse que el resveratrol, usado de forma paliativa o profiláctica, reduciría la actividad oxidativa celular en las tres etapas de la carcinogénesis: iniciación, promoción y progresión. Así estableciendo una relación entre el vino y la salud.

Sin ir más lejos de lo que la ciencia y sus estudios de investigación nos aportan hasta la actualidad, podemos asumir que los beneficios que nos aporta el vino por su peculiaridad antioxidante es lo más cercano que tenemos de la fórmula de la juventud eterna.

Aunque, como en todo, hemos de modular su consumo. Una copa de vino al día, preferiblemente de vino tinto, puesto que es el que más cantidad de resveratrol contendría ya que, habrá sido teñido posteriormente a la fermentación con la piel de la uva para adquirir este color, puede aportarnos una cantidad de solución antienvejecimiento suficiente como para vivir mejor y con más calidad de vida. Por lo tanto, nuestra sociedad comprende el vínculo entre el vino y la salud.

Eso sí, sin caer en un consumo desorbitado, ya que, ya desde la antigüedad era defendido en todo tipo de tratados, incluso filosóficos como “El Banquete” o “Las Leyes” de Platón. Sabiendo esto y atendiendo a Plinio el viejo en su afirmación “In vino veritas, hagámoslo con moderación, pues […]para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar en todo y en todas maneras el uso del beber vino, por ser, con moderación, el mejor vehículo del alimento y la más eficaz medicina […]”  (Don Francisco de Quevedo y Villegas.) 

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Noemí Ojeda

Diplomada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). Master en Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Ciclos Formativos e Idiomas por la Universidad de Sevilla. Especialista en Tratamiento dietético del sobrepeso y la obesidad por la Universidad de Barcelona. Profesora del curso de Técnico en Nutrición y Dietética."