En nuestro hogar siempre un termostato pero también válvulas termostáticas

CEAC Blog

16-12-2014

Muchos, muchos años atrás, el concepto de la climatización  de un hogar se limitaba a encender las estufas un rato hasta que los ocupantes se liberasen de la sensación de frío, o bien hasta que fuese la hora de irse a dormir. Afortunadamente, hoy en día nos resulta imposible concebir un sistema de calefacción que no esté asociado a un termostato, el cuál accione el encendido y apagado de la caldera para alcanzar la temperatura programada por el usuario en cada momento.

El termostato no solo nos ofrece comodidad sino también ahorro energético y, por lo tanto, ahorro económico.  Por supuesto, levantarse de la cama y encontrarse la casa caliente sin necesidad de que la calefacción haya estado toda la noche encendida es tanto una comodidad como un ahorro pero no olvidemos que, para que el ahorro sea tal, la temperatura a la que deberíamos programar el termostato debe oscilar entre los 20- 21ºC  durante el día  y entre los 17-18ºC durante la noche. Si la temperatura indicada no fuese suficiente para proporcionarnos una sensación de confort, antes de subirla, deberíamos cerciorarnos de que la ropa con la que nos vestimos, o vestimos la cama, es la adecuada para la época invernal.

El termostato debe colocarse en el lugar que más se ocupe de toda la casa, generalmente la sala de estar, de esta forma se garantiza que la calefacción se encenderá hasta alcanzar en esta estancia la temperatura programada pero ¿qué pasa en el resto de habitaciones de la casa?

Estamos hablando de sistemas de calefacción centralizados mediante una caldera, por lo tanto, que el termostato active el sistema de calefacción quiere decir que circulará agua caliente por todos los radiadores de toda la casa calentando las diferentes estancias pero, obviamente, cuando la sala de estar alcance los, por ejemplo, 20º programados, el resto de estancias no tienen por qué estar a esa misma temperatura. Lo normal será que, en ese momento, habitaciones exteriores y orientadas al norte estén hasta varios grados por debajo de esa temperatura y que, la cocina -si tiene fuegos o el horno encendido- esté incluso varios grados por encima. Es aquí donde entran en juego las válvulas con cabezales termostáticos; un dispositivo automático que, colocado sobre cada uno de los radiadores permite controlar su caudal de agua, es decir, permite o no, el paso de agua caliente por el radiador en función de la temperatura ambiente.

valvula

El funcionamiento de las válvulas termostáticas es muy sencillo. En primer lugar debemos ajustar una temperatura en la mismo que será la temperatura que deseemos que alcance esa estancia. La válvula actúa comparando la temperatura ajustada con la temperatura real de la habitación en cada momento entonces, si la temperatura ajustada supera a la temperatura ambiental, el actuador abrirá el paso de agua al radiador para incrementar el aporte térmico y conseguir aumentar la temperatura de la estancia. En cambio, si la temperatura ajustada es menor que la temperatura real, el actuador cerrará el paso de agua al emisor para reducir el aporte térmico (reduciendo también el gasto energético) y consiguiendo que la temperatura de la habitación no siga aumentando.

Es evidente, pues,  que el uso de válvulas termostáticas suponen un gran ahorro energético y son muy recomendables en estancias como, por ejemplo dormitorios, donde interesa mantener una temperatura inferior a la del resto de la vivienda o en cocinas para evitar que, por su actividad intrínseca, la temperatura ascienda por encima de la del resto de la vivienda.

Finalmente, os comentamos que el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios establece que en los edificios de nueva construcción es obligatorio disponer tanto de termostato como de válvulas termostáticas en los radiadores de cada habitación.

Imágenes vía: 1 y 2.

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