Hay que volar a todos los vientos de todos los mares, pero...

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21-05-2013

En 1709, el sacerdote jesuita nacido en Brasil Bartolomeu Lourenço de Gusmão, solicitó al Rey Juan V de Portugal la petición de privilegio de patente sobre la invención de una “máquina para andar por el aire”. Así, en agosto de 1709, de Gusmão se presentó ante la corte para efectuar diversas demostraciones con globos de pequeño tamaño. Sus resultados fueron desiguales, desde un globo que ardió sin llegar a elevarse, hasta otro que se elevó y posteriormente ardió, pero se puede considerar a de Gusmão como pionero en la construcción de un aeronave.

Siglo y medio más tarde, un campesino y carpintero polaco llamado Jan Wnek construyó y voló un planeador controlable. Wnek era analfabeto y autodidacta, y todos los conocimientos y deducciones sobre los planeadores los obtuvo mediante la observación del vuelo de los pájaros y gracias a sus habilidades.

En  la segunda mitad del siglo XIX, Frank Wenham intentó construir una serie de planeadores, pero no tuvieron éxito. En sus esfuerzos, descubre que la mayor parte de la sustentación de un pájaro parecía ser generada en la parte frontal, y Wenham dedujo que unas alas largas y fijas, semejantes a las alas de los aviones actuales, serían más eficientes que las alas similares a las de pájaros o murciélagos.

Pero en los inicios del siglo XXI podríamos recordar aquello que Verne afirmó:

“Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad”

Y, de este modo, unos alemanes en plena expansión económica son los que han hecho realidad  los proyectos de Wenham y han construido un robot capaz de volar reproduciendo los movimientos de las gaviotas.

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