Indefensión aprendida

CEAC Blog

05-09-2013

Corrupción política, paro, recortes, desigualdad social... Parece que hay más motivos que nunca para que el pueblo se mueva y, sin embargo, parece que está más pasivo que nunca aceptando ya casi cualquier cosa sin oponerse.

¿Por qué?

El psicólogo estadounidense Martin Seligman acuñó este término en los años sesenta para explicar por qué bajo determinadas circunstancias, los seres humanos aceptamos el sufrimiento y el dolor sin oponernos a él. Para ello realizó un experimento junto a sus colaboradores:

Organizaron dos grupos de perros; el primer grupo de perros estaban colgados de unos arneses y recibían pequeñas descargas eléctricas continuadas (los animales no podían hacer nada para evitarlas). El segundo grupo también estaba colgado de dichos arneses y recibían descargas, sin embargo, contaban con un botón al alcance de su hocico que si apretaban, se libraban de la descarga.

Tras dejar pasar el tiempo suficiente para que el segundo grupo aprendiera a librarse de dichas descargas y el primero se resignara a recibirlas, los científicos colocaron a cada uno de los perros en una jaula nueva. Esta nueva jaula estaba dividida en dos partes: en una mitad del suelo se producían descargas eléctricas, mientras que la otra quedaba libre de descargas (sólo un pequeño escalón separaba las dos mitades). Cada uno de los perros fueron colocados en la mitad donde se producían las descargas.

¿Qué sucedió?

Los perros del primer grupo, resignados ya a recibir las descargas hicieran lo que hicieran, simplemente se acurrucaron en una esquina y soportaron las descargas. Los perros del segundo grupo, sin embargo, buscaban una solución hasta conseguir subir el escalón y así librarse de las molestas descargas.

¿Qué podemos deducir de todo esto?

Que tanto la iniciativa, como la indefensión... pueden aprenderse.  Y que la resignación nunca debe ser una opción.

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