Inseguridad, timidez y torpeza infantil, denominador común... el miedo.

Nancy López Lago

26-02-2015

Como futuros educadores y educadoras os vais a encontrar que en vuestro grupo de niños cada uno es diferente. Los habrá movidos, extrovertidos, sociables, alegres, tristes, tímidos, torpes, lanzados, miedosos, etc. Y como educadores/as tendréis que identificar los puntos fuertes y débiles de cada uno de ellos y ayudarles a desarrollarse.

Hoy nos centraremos en un “tipo” de niños (y digo tipo porque suelen tener unas características comunes, aunque no pretendo poner una etiqueta, si no definir una manera de actuar que después veremos cómo se puede modificar): los niños tímidos, inseguros y torpes.

En clase los podemos reconocer porque les cuesta mucho separarse de sus padres, incluso cuando hace tiempo que asisten a la escuela infantil no acaban de sentirse relajados y seguros, les cuesta relacionarse con confianza con el resto de compañeros y suelen ser bastante torpes a nivel motriz.

El denominador común de todas estas maneras de actuar suele ser el miedo. El miedo dificulta relacionarse o mover el cuerpo en el espacio con seguridad y habilidad. Es el que frena el desarrollo y limita sus experiencias. Podemos entender que si el niño no se siente hábil y le falta confianza en sí mismo y en su capacidad motriz entonces se moverá con cautela y evitando situaciones que le puedan comprometer. De esta forma lo que hace es reafirmar sus miedos y evitar relacionarse con el ambiente que le rodea, incluidas las otras personas.

 Entonces, ¿qué podemos hacer como educadoras ante un niño así?

  • En primer lugar, evitar etiquetarlo como “tímido”, “torpe” “miedica” y mucho menos usar estas palabras delante de él. El lenguaje crea realidades y si le decimos a un niño que él es así, estamos provocando, en cierta menara, que sea así.

  • En segundo lugar podemos brindarle muchas y variadas experiencias, sobretodo motrices. Esto le ayudará a conocerse mejor a sí mismo, sus capacidades y sus limitaciones. Enriquecerá el desarrollo motriz y esto le dará más confianza para relacionarse con los demás y el entorno que le rodea. Debemos hacerlo con respeto y no obligándole, sino ofreciendo oportunidades, de forma gradual, y con paciencia. 

    Saltar es un ejemplo de ejercicio motriz Saltar es un ejemplo de ejercicio motriz

  • En último lugar, y no por ello menos importante, asesorar a los padres y recomendarles que dediquen tiempo con su hijo en actividades como ir al parque, a las colchonetas, a lugares dónde pueda correr con libertad y sin peligros,etc y favorecer el desarrollo motriz de los niños.

 Mente y cuerpo van de la mano. Si potenciamos su motricidad y le hacemos sentirse más seguro de sí mismo, podrá explorar el mundo que le rodea con más confianza y al mismo tiempo se sentirá más capaz y autónomo, tanto para moverse con seguridad como para relacionarse con los demás.

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Nancy López Lago

Psicóloga especialista en Terapia Breve Estratégica y Técnica en Educación Infantil. Apasionada por la docencia, el arte de enseñar y el de aprender cada día. Superarse y ser feliz.