La estimulación cognitiva

La estimulación cognitiva

Joan Garcia Santiago

26-01-2016

El ser humano cuenta con una serie de capacidades que le permiten su adaptación al entorno y cada una de ellas desempeña un papel específico. Por ejemplo, gracias a las capacidades motoras podemos desplazarnos, movernos de una manera coordinada. Las capacidades cognitivas incluyen distintas capacidades como el razonamiento, la atención la memoria o el lenguaje, entre otras, y nos permiten llevar a cabo actividades tales como reconocer a las personas que nos rodean o imaginar lo que vamos a hacer mañana. Es innegable pues que una correcta estimulación cognitiva en niños es primordial para un óptimo desarrollo del individuo, y cuanto antes empecemos a trabajarlas mucho mejor.

 

¿Cómo desarrollar la estimulación cognitiva?

Se pueden establecer ejercicios y actividades de estimulación infantil en niños desde muy corta edad, como por ejemplo para facilitar la aparición de los procesos evolutivos naturales como puede ser el habla. Podemos aprovechar muchas situaciones cotidianas como cuando les leemos un cuento. En ese momento ya estamos de alguna manera propiciando una cierta estimulación cognitiva, aunque como norma general hablamos de estimulación cognitiva cuando llevamos a cabo una serie de intervenciones planificadas y sistematizadas para conseguir unos objetivos en concreto.

Ya desde bebés debemos procurar trabajar la estimulación cognitiva. No es nada nuevo, seguro que habrás oído a alguna vez algo así como “que niño más espabilado”. Un niño “espabilado” es la manera que tenían nuestras abuelas para describir a un niño correctamente estimulado.

Mediante sonajeros y juguetes musicales estimulamos su capacidad auditiva, y nos serviremos de éstos también para conseguir que gire su cabeza hacia su procedencia. También es una buena actividad repetir sus gorjeos una vez empiezan a producirlos, durante los tres primeros meses de vida.

Podemos estimular visualmente al bebé, haciéndole fijar la vista en tu rostro, descubriendo tus rasgos, tus ojos, tu expresión… En seguida empezará a seguir objetos con la mirada. Este progreso lo podemos potenciar con objetos que pasen delante de sus ojos, lento al principio, aumentando la velocidad progresivamente. Aparecer y desaparecer es una actividad que les encanta; permanecerá atento fijando la mirada en el rostro que ha desaparecido sabiendo que volverá a aparecer.

A medida que los pequeños van creciendo, sus necesidades varían y los procesos cognitivos se vuelven más complejos. Aparecen los juegos de encajar piezas, y será necesario empezar a discriminar las formas y los colores. Agrupaciones siguiendo estos y otros criterios son buenas actividades para estimularlos. Manipulando diferentes objetos y haciéndolos interactuar entre ellos llegamos a la acción-reacción, hago una cosa y esto tiene una consecuencia. La consecuencia puede ser un estímulo sonoro del propio juguete, un aplauso por parte del adulto, se enciende una lucecita, el objeto pasa al otro lado… infinidad de posibilidades… y les encantará descubrirlas todas.

Manipulando objetos merece la pena recordar la importancia de disponer de diferentes texturas a la par que colores y formas. Diferentes pesos y medidas les ayudarán a investigar y a tener un amplio bagaje de experiencias sensoriales. Llegamos así a los puzles y a los encajables, a los “legos” y a los tableros de anticipación.

Trabajar la memoria y la predicción de sucesos está a la orden del día, así que los juegos de memoria son el siguiente logro. Emparejar tarjetas iguales, sin verlas, tan solo recordando el dibujo que amagaban, se convierte en un juego muy entretenido para ellos. El dominó es otro juego que les permite estimular al máximo sus capacidades sensoriales en este punto de su desarrollo.

Como verás, apenas he mencionado edades en las que trabajar cada una de las diferentes capacidades. No debes obsesionarte en saber en qué edad hacen cada cosa, ya que cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje y puede conseguir sus logros a un ritmo muy diferente a otro de su misma edad. Esto no siempre indica un retraso, y no debemos caer en la tentación de etiquetarlo por ello.

Por otro lado, el momento elegido para trabajar sus capacidades también es no menos importante. Si notamos a los pequeños alterados o cansados, indudablemente no deberemos proponernos trabajar ninguna actividad en ese momento, y será mejor dejarla para un instante en que se encuentren más relajados y receptivos. Recuerda que el juego es algo placentero, y estas actividades deben plantearse como tal, como juegos y actividades lúdicas.

No hemos hablado todavía de los libros, una gran fuente de estímulos en todas las edades. Debemos disponer en el aula o en la biblioteca del centro de libros adaptados para ellos. Para los más pequeños encontramos libros de tela o libros de plástico, ideales para evitar que se rompan o se deshagan en su boca. Libros con diferentes texturas e incluso olores también ayudarán de enorme manera a desarrollar sus sentidos y a estimularles cognitivamente. Poco a poco introduciremos las letras y las palabras, los cuentos y las historias.

 

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Joan Garcia Santiago

Maestro de educación infantil, especialista en physical education, psychomotricity y nuevas tecnologias. Profesor on-line del curso de Técnico en Educación Infantil de CEAC