¿Pegar y morder?

CEAC Blog

17-02-2012

Es una conducta normal en los niños, desde bien pequeños, pero que si se da en exceso debe controlarse.

Por lo general, los comportamientos agresivos empiezan a los 17-18 meses de edad, momento en que los niños empiezan a interactuar socialmente y a tener conciencia de lo que es suyo o lo que quieren, especialmente cuando de objetos se trata. Es muy habitual ver un niño que se enfada y actúa agresivamente porqué quiere un juguete, por ejemplo.

Esto, en realidad, no debe ser algo preocupante, ya que cuando un niño muerde o pega a otro niño, éste puede ser -y suele ser- correspondido recibiendo un ataque similar. De esta forma, el niño aprende que esto no está bien, de forma natural, sin más interacciones. Si el caso ocurre con un adulto, éste lo va a regañar, con lo que también irá aprendiendo que actuar así no es adecuado.

Richard Tremblay, profesor de Pediatría, Psiquiatría y Psicología de la Universidad de Montreal, dice que la mayoría de los niños tienden a esperar a que el juguete esté libre y a pedirlo, en vez de coger los de otros para evitar así interacciones negativas.

En caso de que las conductas agresivas del niño sean repetidas y no remitan, los expertos recomiendan a los padres seguir estas pautas:

    • Para mitigar la agresividad del niño, es preciso no someterse a sus ataques de furor y no acatar sus exigencias para que comprueben que no obtienen con ella ningún resultado.

 

    • Cuando hay que reprender al niño, es aconsejable no utilizar los castigos violentos ni actuar con dureza para que no lo tome de ejemplo. La suavidad y el diálogo tienen un efecto más calmante y relajante sobre él.

 

    • Es necesario desarrollar un ambiente familiar donde no se tolere la agresión física y se premien los comportamientos sociales positivos para que el niño compruebe que estos son los adecuados.

 

    • Enseñarle a esperar cuando quiere algo y a utilizar el lenguaje y la negociación en vez del ataque para conseguir alcanzar su objetivo.

 

    • No ser indiferente a sus ataques: si muerde o pega a otro niño, es preciso intervenir, separarle y reprenderle por su actitud inadecuada. Es preciso que comprenda que no se debe pegar o morder porque hace daño a los demás y que debe disculparse por su comportamiento.

 

    • No actuar de forma exagerada ante el ataque para que no entiendan que morder o pegar es una forma de obtener atención rápida. Es mejor responder con tranquilidad, pero con firmeza.

 

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