Psicología infantil: cómo tratar conductas difíciles, agresivas y hostiles

Psicología infantil: cómo tratar conductas difíciles, agresivas y hostiles

Eva Cebollero Pardina

17-04-2018

Si hay un tema que preocupa tanto a las familias como a los profesionales del campo educativo es la agresividad en nuestros/as hijos/as y/o en nuestro alumnado. Por este motivo, en el artículo de hoy voy a hablar de cómo podemos afrontar la preocupación nombrada anteriormente apoyándonos en la psicología infantil.

Las conductas inapropiadas desde la psicología infantil

Para empezar a abordar el tema es importante explicar brevemente qué es la agresividad en la etapa infantil: hace referencia a hacer daño a alguien física o psicológicamente. Esto se manifiesta en forma de golpes, empujones, insultos... Cuando se da en edades tempranas, si no lo frenamos a tiempo, puede dar lugar a consecuencias “irreparables” como el fracaso escolar, la falta de habilidades sociales, etc.

Para evitar que esto suceda debemos actuar cuando nos enfrentemos a este tipo de situaciones y poner en marcha una serie de actuaciones para prevenirlas.

Por este motivo, trataré de dar algunas pautas que nos ayuden a tratar conductas difíciles, agresivas y hostiles en los niños y niñas:

  • Afectividad: Educar a los niños y niñas en un entorno afectivo es muy importante para fomentar su confianza, potenciar su autoestima y aumentar su seguridad. Si crecen en un ambiente agresivo potenciaremos este tipo de comportamientos, por tanto, los adultos también debemos evitarlos. No podemos olvidar nunca que somos su ejemplo a seguir y que es nuestra obligación evitar que los niños y las niñas normalicen este tipo de conductas porque ellos y ellas deberían verlas como anómalas.

Una de las obligaciones que tenemos los profesionales que trabajamos con familias es la de informar a las familias y guiarlas para que creen este tipo de entornos afectivos tan necesarios para un desarrollo adecuado de los niños y niñas.

  • Autoridad y límites: Los niños y niñas necesitan tener un referente que les sirva de guía y les ayude a distinguir conductas adecuadas e inadecuadas. Esta figura de autoridad es necesaria, pero no se debe confundir con “el que manda, el que tiene siempre la razón” ni con “la letra con sangre entra”. Es muy importante mantenerse firme con aquellos límites que no queremos que sean traspasados. Para ello, es importante no olvidar que estos deben ser concretos, claros y consensuados con los niños. Es preferible establecer tres normas con las que estemos todos de acuerdo que 15 que no sean cumplidas de forma continua.

No obstante, es importante ser flexible con estos límites, pues no debemos olvidar que los niños y niñas van creciendo y, por tanto,  sus necesidades van cambiando con el paso del tiempo, conforme van madurando.

Pero, ¿qué tienen que ver la autoridad y los límites con las conductas hostiles y agresivas? Sí que tiene que ver, y mucho, porque si desde un inicio están bien establecidos nos servirán como prevencion para evitar este tipo de situaciones complejas. Por otro lado, si ya no las podemos evitar, nos servirán para tratarlas e intentar reconducirlas: “rectificar es de sabios”.

  • Mente positiva: Cuando hemos puesto en práctica las pautas nombradas anteriormente o no las hemos llevado a cabo y nos encontramos ante este tipo de situaciones hostiles tendremos que ponerle solución e intentar reconducir estas actitudes. Para ello, debemos mostrar siempre una actitud tranquila y dialogante. Tenemos que confiar en que la comunicación es la mejor vía para solucionar los conflictos. Si nos ponemos al “nivel del enfado” del niño o niña y les respondemos de forma agresiva (verbal o físicamente) lo único que conseguiremos es que la situación empeore. Por el contrario, si le hablamos de forma tranquila, dejándole que explique por qué se siente así, incluso, respetando que tenga ganas de gritar o de pegar (podemos darle un cojín o dejarlo un rato para que “desate su ira”). En definitiva, mostrando empatía antes de castigar o acusar a su persona (recordad que siempre hay que desaprobar la conducta inapropiada, nunca debemos referirnos a su persona porque es una forma de acabar con su autoestima) y dándoles espacio para describir lo que sienten, estaremos, de alguna forma, reconduciendo esta manera negativa de expresar su enfado.

Estas son las claves que considero que se tienen que tener en cuenta a la hora de tratar conductas difíciles, agresivas y hostiles en la infancia. No obstante, soy de las que cree en la prevención, por tanto, nunca debemos restarle importancia al hecho de mostrar una actitud afectiva y cariñosa con nuestros niños y niñas, pues los adultos somos su principal modelo a seguir, sus referentes, y si nosotros nos comportamos de forma adecuada delante de ellos evitaremos múltiples conductas inadecuadas. “Prevenir es curar”.

Me gustaría conocer vuestra opinión respondiendo a la siguiente pregunta en los comentarios de este artículo: ¿consideráis que el papel del adulto como modelo de referencia es muy importante a la hora de evitar conductas inapropiadas en la infancia o, por el contrario, tienen más importancia otros factores como, por ejemplo, el grupo de iguales?

Curso relacionado: Curso Técnico de Psicología Infantil y Juvenil 

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Eva Cebollero Pardina

Licenciada en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Título de Técnica en Educación Infantil cursado en el IOC. Profesora del curso de Técnico en Educación Infantil de CEAC.