Qué comporta el cambio de sede social para las empresas

Qué comporta el cambio de sede social para las empresas

Carlos Guillén Burguillos

28-12-2017

En los últimos días no deja de ser noticia en todos los informativos de televisión, periódicos, diarios digitales y emisoras de radio que cientos de empresas catalanas están cambiando su sede social hacia otro territorio español. En algunas fuentes se habla incluso de miles de empresas, y a veces hablan de sede social y en otras ocasiones de sede fiscal.

Centrémonos en las consecuencias que supone para una empresa cambiar su sede social. Lo primero que vamos a hacer es diferenciar entre sede social y sede fiscal.

Diferencias entre la sede social y la sede fiscal de una empresa

Según la Ley de Sociedades de Capital, “la sede social es el lugar en que se halle el centro de su efectiva administración y dirección, o en el que radique su principal establecimiento o explotación”. A partir de aquí, no hay más especificación que diga qué tiene que hacer o no una empresa en su domicilio social, pero al menos se supone que tiene que tener una oficina, documentación de la empresa y es donde se tienen que celebrar las juntas. Cabe destacar que de este domicilio social tiene que quedar constancia en el Registro Mercantil y que será público, con lo que cualquier persona que lo solicite podrá conocer tal dirección.

La dirección fiscal está definida por el artículo 48 de la Ley General Tributaria como “el lugar de localización del obligado tributario en sus relaciones con la Administración tributaria”. Este domicilio será utilizado para las notificaciones relacionadas con los procedimientos administrativos y el control fiscal.

¿Lo ves más claro? Por si la respuesta es negativa, veamos de forma resumida y más sencilla las diferencias. Lo primero que hay que saber es que, por norma general, se entiende que el domicilio social y fiscal de una empresa es el mismo. El social es público, pero el fiscal no; éste solo se notifica a Hacienda para pagar los impuestos y recibir notificaciones. A efectos prácticos, la diferencia es un poco más compleja. Así como la sede social es la dirección en la que se encuentra el alma de la empresa (por eso se celebran allí, por ejemplo, las juntas de accionistas), la sede fiscal corresponde al centro en el que se lleva a cabo la gestión y dirección de la empresa.

Cambio de sede social sin cambiar la sede fiscal

La Agencia Tributaria comprueba que la sede fiscal de una empresa coincida con el centro de gestión y dirección de la empresa. Así que las empresas que deciden trasladar su domicilio social a otra ciudad simplemente tendrán que celebrar sus juntas de accionistas y fijar como sede de la empresa “oficial” esta nueva sede. Esto representa pocos cambios, ya que la empresa seguirá pagando todos sus impuestos donde tenga fijado el domicilio fiscal, y no tendrá que desplazar personas ni documentación.

Un cambio de sede social, por lo tanto, no comporta grandes cambios para la empresa. Ni una bajada de la actividad comercial en la zona ni genera más paro ni unos menores ingresos para la Administración en ese territorio.

La cosa cambia cuando las empresas cambian su sede fiscal, ya que, en este caso, sí que comporta pagar impuestos en el nuevo domicilio. Pero esta opción es la menos elegida entre las empresas que últimamente cambian su domicilio de Catalunya. Básicamente porque cambiar la sede fiscal representaría trasladar recursos y personal a la nueva sede, ya que es allí donde la Agencia Tributaria comprobará que las personas que se encargan de la gestión y de tomar decisiones se encuentren en el nuevo domicilio.

El porqué de los cambios de sede social

Ya hemos comentado que cambiar la sede fiscal comporta movimientos de personal y de recursos, y que cambiar la sede social es un cambio sin mucha importancia a nivel económico ni fiscal. Entonces, ¿por qué las empresas cambian su sede social de Catalunya? Pues básicamente porque, ante el escenario incierto que presenta la escalada independentista, muchas empresas no quieren arriesgarse a salir de la legislación española y entrar en una todavía por definir. Un banco, por ejemplo, que tiene sede en España, queda bajo el amparo del Banco Central Europeo. Un banco con sede en Barcelona, en caso de producirse una hipotética independencia de Catalunya, quedaría fuera del sistema bancario europeo, con todo lo que ello significaría, especialmente, a nivel de garantías y de financiación.

El segundo motivo por el cual las empresas se van de Catalunya es por una cuestión de imagen, precisamente para no sufrir el boicot que hemos comentado anteriormente. Pero este argumento no nos parece tan interesante porque se escapa de lo estrictamente empresarial.

Cómo acabará todo

Dejando claro que no soy futurólogo, igual que nadie lo es, lo más probable es que cuando las aguas vuelvan a su cauce, las empresas catalanas que han cambiado su sede social vuelvan a su lugar de origen. Algunas de ellas han anunciado que no será así, pero en todo caso tendrán que resolver entonces qué hacen con sus recursos, personal, etc. Aunque parece difícil imaginar que estas empresas trasladen sus oficinas centrales o sus centros de producción a otro lugar, con los costes que ello supone.

Y tú, ¿qué crees que pasará? ¿Opinas que es tan importante para la economía de un territorio que las empresas cambien su sede social a otro lugar?

Curso relacionado: FP de Grado Superior de Técnico Superior en Administración y Finanzas

Profile picture for user Carlos Guillén Burguillos
Carlos Guillén Burguillos

Licenciado en ADE y en Economía. Máster en Educación y TIC. Profesor del área de empresa en varios centros. Impulsor de nuevos negocios. Apasionado del deporte, la música y la lectura.