¿Qué son las intolerancias alimentarias?

¿Qué son las intolerancias alimentarias?

14-03-2019

Cada vez oímos más casos de alergias e intolerancias alimentarias. El mercado de los productos «sin» está aumentando. Los restaurantes están obligados a anunciar su lista de alérgenos y la manipulación de los mismos. Una de cada diez personas evita la lactosa y el gluten. ¿Hay un boom de trastornos digestivos relacionados con las intolerancias alimentarias?
 
Empecemos por la definición…
 
“Entre la alergia, la intolerancia y la aversión a los alimentos hay una importante diferencia”, explican los especialistas de una importante revista científica alimentaria. 
Los movimientos “sin” están llegando tanto al cliente que, actualmente, valoramos más positivamente consumir alimentos sin gluten y/o sin lactosa, por encima que alimentos que no indiquen ninguna restricción. Aún sin ser alérgicos e intolerantes, curioso fenómeno… 
 
Esto es debido a que las alergias e intolerancias han salido a la luz de forma voluminosa, y cada vez más afecciones gastrointestinales están (bien o mal) asociadas a posibles síndromes de afectación alimentaria. Hace tan sólo 10 años una persona celíaca tenía serias dificultades para consumir alimentos de supermercados, tiendas de alimentación o restaurantes con el consiguiente peligro que conllevaba exponerse al gluten. A día de hoy es tan sencillo como necesario conocer dicha información y tratarla con familiaridad. 
 
La percepción de muchas personas de que tienen «alergia a algo» no se corresponde con las cifras reales de alergias y a menudo de lo que se trata es de intolerancia o aversión a un alimento (algunos estudios sugieren que entre el 20% y 30% de la población creen ser alérgicos, cuando sólo lo son realmente entre el 1% y el 2%). Así lo explica la web de la agencia alimentaria británica (Food Standars Agency, FSA) que acaba de iniciar una sección de información sobre intolerancia y alergia alimentarias.
 
Por lo tanto, nos encontramos ante una alarma continuamente sonando, que no alerta del 100% de los casos reales, sino que, además de los reales, nos alerta de los que no se relacionan. Malas digestiones, malabsorciones, disbiosis, estrés… pueden ser muchas las patologías que desencadenen malestar gastrointestinal y que se estén confundiendo directamente con alergias y sobretodo intolerancias a alimentos. 
 
Siendo los más rechazados los lácteos y cereales con gluten, no sólo enfrentados a estos grupos de alimentos encontramos detractores, prácticamente todo está cuestionado. Pues, la fruta puede estar barnizada con gluten, o la carne y sus derivados pueden contener lactosa por estar engrosadas con proteínas del suero lácteo o directamente lactosa. Y no sólo grupos de alimentos, hasta incluso los medicamentos pueden contener excipientes en sus formulaciones. 
 
Lo menos común en estos grupos es la anafilaxis, una reacción alérgica en la que están implicados la inmunoglobulina E o IgE (anticuerpos), y que puede ser desencadenada por alimentos (en realidad por determinadas proteínas presentes en esos alimentos) como la leche de vaca, huevos, cacahuetes, trigo, soja, pescado, marisco, nueces. También, aditivos alimentarios como los sulfitos

Esta respuesta alérgica puede llegar a ser extremadamente grave, con síntomas como náusea, vómitos, dolores de estómago, diarrea, hinchazón en los labios y en las articulaciones, ansiedad, dolor de cabeza, silbido al respirar, e incluso en casos muy severos conllevar la muerte de la persona que ingiere alguno de los alérgenos que le producen la reacción.
 
Un detalle muy importante es el etiquetado, desde hace poco tiempo obligatorio, en alimentos para llevar, así como en las cartas de bares y restaurantes. Garantiza la información del producto a consumir, así como de su manipulación.
 
Esto satisface a las garantías que busca el consumidor, como son disponer de un etiquetado adecuado y de un producto libre efectivamente del alérgeno al cual se es sensible, intolerante o alérgico, depende del grado que estemos contemplando. 
 
Otra preocupación para las personas afectadas es poder establecer un umbral de tolerancia. No es fácil aprender a convivir cuando se ha sabido que se es intolerante a un alimento. En el más claro ejemplo, el de la lactosa, la persona necesita conocer su umbral de tolerancia, pues la lactosa, azúcar de la leche, puede estar presente en diferentes concentraciones y formas según el tipo de alimento.

Por ejemplo, en la leche entera y la nata, la concentración y forma de la lactosa probablemente desencadenará una reacción no inmunológica, afectando generalmente al aparato digestivo, provocando náuseas, vómitos, diarreas, hinchazón; pero también podrá provocar dolores de cabeza o malestar general, debido a la utilización de nuestra flora intestinal de dicho azúcar. Sin embargo, el consumo de yogures, y quesos, donde la lactosa ha sido parcialmente digerida por diferentes microorganismos, puede ser tolerado y ser incluso beneficioso para la persona intolerante, por lo que el grado de tolerancia dependerá de la propia experiencia y sensación del individuo, sin reglas generales.
 
La mejor opción, en cualquier caso, es seguir una dieta libre de procesados, productos artificiales y derivados ultra tratados, buscando siempre un origen natural y ecológico de los alimentos. 

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