Rumiación, estrés y memoria. ¿Piensas demasiado?

CEAC Blog

16-12-2014

¿Te quedas enganchado después de una discusión sobre lo que dijiste, dijo la otra persona, o podríais haber dicho? ¿Te cuesta dormir por las noches? ¿Crees que le das demasiadas vueltas a las cosas?

Si has respondido que sí a alguna de las preguntas anteriores no te preocupes, no eres el único. Muchas personas se pasan el día rumiando. Lejos de encontrar respuestas o soluciones útiles, acaban en un callejón sin salida presas de sentimientos de victimismo, ansiedad y/o depresión.

Además, el estar todo el día con la mente activa nos aleja de la realidad, del momento presente, y podemos estar en cualquier sitio menos donde tenemos que estar con las consecuencias que ello tiene (¿Cuántas veces te has sorprendido haciendo caso omiso a lo que te está explicando el compañero con atención? ¿Cuántas veces te has dejado algo que te habías apuntado llevar? ¿Cuántas veces no recuerdas algo que acabas de hacer? ¿o una tarde? ¿Cuántas veces mezclas datos?). No es falta de memoria, es consecuencia del estrés que provoca ese runruneo incesante en tu mente.  Cuando prestamos toda la atención a lo que estamos haciendo, se activan circuitos del neocortex que hacen que recordemos mejor después aquello que hemos hecho, no ocurre así si vamos haciendo las cosas con "el piloto automático" puesto.

 ¿Cuándo estamos pensando demasiado?

Piensa

Cuando nos dejamos atrapar por torrentes de pensamientos y sentimientos desagradables que nos abruman y que interrumpen nuestro funcionamiento diario.

Habría que diferenciar entre lo que yo llamo basura mental y pensamientos útiles.

La basura mental son todos aquellos pensamientos que no nos llevan a ninguna solución útil para nosotros en ese momento, que no nos llevan a la acción cuando nos surge un problema. El resto de pensamientos, serían los útiles, los que nos aportan soluciones, los que nos llevan a la acción. Menos preocupación y más ocupación.

¿Qué efectos puede tener?

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Dificulta tu vida en la medida en que los problemas a los que te enfrentas, parecen mayores. Tienes menos energía para dedicar porque ya estás consumido por tu propia mente.

Puede perjudicar tus relaciones. Puedes molestar a otras personas con tus reacciones desproporcionadas e incluso pueden aburrirse de que siempre estés con el mismo problema y no tengas actitud suficiente para avanzar en la vida.

Por último, puedes enfermar ya que el exceso de rumiación puede llegar a provocar trastornos físicos y mentales serios (pérdidas de memora, dolores de cabeza, gastritis, ansiedad, abuso de drogas, etc).

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