Salud de derecho

CEAC Blog

10-12-2014

Desde hace más de 60 años, el 10 de diciembre es el día escogido por la ONU para celebrar el Día de los Derechos Humanos. Es un día para recordar "el respeto a los derechos básicos e inalienables de todas y cada una de las personas".

Y yo os pregunto: ¿creéis que la salud es uno de ellos?

La OMS (Organización Mundial de la Salud) nos cuenta en su página web:

  • La Constitución de la OMS establece que el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano.
  • El derecho a la salud incluye el acceso a una atención sanitaria oportuna, aceptable, asequible y de calidad satisfactoria.
  • Con todo, unos 150 millones de personas en todo el mundo se encuentran cada año en una situación financiera catastrófica y 100 millones de personas se ven abocadas a vivir por debajo del umbral de la pobreza debido a sus gastos sanitarios.
  • El derecho a la salud significa que los Estados deben crear las condiciones que permitan que todas las personas puedan vivir lo más saludablemente posible. El derecho a la salud no debe entenderse como el derecho a estar sano.
  • Los problemas de salud suelen afectar en una proporción más alta a los grupos vulnerables y marginados de la sociedad.

A tenor de lo expuesto podríamos considerar que sí, que la salud es un derecho independiente de la condición social, cultural, económica o genética. En cambio, si echamos un vistazo a lo que ocurre en este mundo... ¡ZAS! Cuán lejos está la realidad de lo pactado por las cabezas pensantes que nos dirigen y regulan.

Tampoco hace falta irse muy lejos para ver desigualdades en temas de salud. Las últimas reformas adoptadas en nuestro país en materia sanitaria provocan diferencias sustanciales en el trato al paciente. Al menos, eso pretenden. Por que aquí entra en juego otro concepto que cabe mencionar: la objeción. Como profesionales de la salud nos debemos a las necesidades básicas de atención de cualquier persona, aunque choque frontalmente con la ley (o decisión política) que regula nuestra actividad.

He aquí pues el dilema: Vocación y humanidad vs. ley y política.

¿Por quién apuestas?

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