¿Tenemos los sentidos integrados al nacer?

CEAC Blog

06-06-2013

¿Qué pasa si le acercamos a un bebé un objeto virtual para que lo toque y luego no puede tocarlo? ¿Y si recibe un audio pero no corresponde con la voz que espera oír?

 

Thomas Bower y cia, hacia 1970, probaron un experimento para dar respuesta a estas preguntas:

Supongamos que captamos la atención de un bebé haciendo que flote una burbuja de jabón frente a él. ¿Intentará alcanzarla? ¿Cómo se comportará cuando explote?

En este experimento los bebés tenían de 8 a 31 días. Los resultados fueron que estos bebés lloraban con aparente frustración cuando no podían tocar la burbuja (en realidad, virtual para el experimento). Esto quiere decir que los más pequeños esperan sentir los objetos que pueden ver y alcanzar, por lo que una incongruencia entre el sentido de la visión y el tacto les molesta.

En otro experimento similar, Aronson y Rosenbloom (1971) expusieron a bebés de entre uno y dos meses de edad a otra incongruencia entre la visión y el oído. Esta vez colocaron a los bebés en una sala con un altavoz justo al lado donde podían escuchar la voz de su madre. La madre, sin embargo, estaba al otro lado de la sala a través de un cristal. Una vez más los niños mostraron irritación e incomodidad en forma de llanto y movimientos de un lado a otro. Parece ser que esta vez también esperaban ver a su madre y escuchar cómo la voz provenía de su boca.

Todo esto apunta a que los sentidos sí están integrados al nacer a pesar de que el cerebro aún esté en proceso de maduración al inicio de la vida.

 

Fuente: David R. Shaffer (2000)

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