Educación infantil emociones

¿Cómo trabajar la educación de las emociones en niños de 0 a 3 años? 

Alejandra Sánchez Yagüe

16-02-2021

Empecemos con 4 sencillas prácticas que puedes hacer: 

Respiración consciente

Comenzamos sentándonos con los niños y pidiéndoles que adopten una postura relajada, sentados en una silla o en el suelo. Pueden cerrar los ojos, o bien dirigir su mirada a un punto del suelo situado a un metro de distancia. Hacemos tres inspiraciones y espiraciones profundas y les decimos que tomemos conciencia de nuestra respiración, experimentando la calma que nos produce estar sentados respirando tranquilamente. Pensaremos la siguiente frase y la diremos en voz alta: “Estoy calmado y tranquilo”. Nos repetimos esta frase varias veces, procurando sentir intensamente la alegría de estar vivos en el momento presente y la paz que nos ha producido este ejercicio. Nos quedamos saboreando esta sensación durante un par de minutos y les pedimos que nos digan cómo se sienten.  

Sonreír

Una acción muy sencilla y fácil de educar las emociones consiste en esbozar voluntariamente una sonrisa, lo cual nos puede ayudar a aumentar nuestra consciencia de las cosas positivas, o bien aportarnos un sentimiento de seguridad cuando las circunstancias no son favorables.  

Existen algunos estudios experimentales que sugieren que el rostro, así como la voz y el cuerpo en general, pueden enviar al cerebro señales de que están experimentando una emoción concreta, y eso hace que la sintamos realmente, aunque con un nivel de intensidad menor que en una situación real, lo que los investigadores denominan “hipótesis de la retroalimentación facial” (Lyubomirsky, 2008).  

Esta autora recomienda sonreír por dos razones: porque puede producir fisiológicamente esa retroalimentación y provocarnos una leve sensación de bienestar, y también porque la sonrisa hace que las demás personas interactúen más positivamente con nosotros.  

Podemos animar a nuestros peques a utilizar la sonrisa como un acto voluntario, que les sirva para aumentar su conciencia ante determinadas situaciones, les ayude a calmarse interiormente y les permita estar presentes en el aquí y el ahora de un modo más positivo.  

La atención plena en el bolsillo 

Esta es una sugerencia propuesta por el monje zen Thich Nhat Hanh pensando especialmente en los niños, aunque también puede ejercitarla cualquier persona adulta. Se trata de utilizar algún objeto que nos sirva de recordatorio para ayudarnos a recordar que podemos ser más conscientes del momento presente. Podemos utilizar una pequeña piedrecita, una moneda, un muñequito o cualquier objeto que el niño elija según sus preferencias, y pedirle que lo lleve en el bolsillo durante unos días o una temporada más larga.  

Les podemos decir que, cuando se sientan enfadados, disgustados o tristes, echen mano a su bolsillo y saquen y contemplen ese objeto o lo toquen, sin sacarlo del bolsillo. Tal objeto va a ser como un amigo que les recuerda que deben volver al momento presente, llenarse de calma y tomar conciencia de lo positivo.  

Les podemos sugerir también que, al contemplar o tocar el objeto, realicen unas breves respiraciones que les permitan relajarse y tomar energías. 

Este ejercicio puede ser útil para cualquier niño, pero es posible usarlo además en casos específicos en los que se requiere una ayuda especial: niños con dificultades para concentrarse o con trastornos más acusados de déficit de atención –con o sin hiperactividad–, con problemas de agresividad, con síntomas depresivos, etc. En estos casos, esta técnica puede considerarse como una ayuda adicional que, combinada con otras medidas, constituye un recurso importante a tener en cuenta.  

Esta práctica puede incrementar la auto consciencia, recordar al niño que puede tomar el control de la situación y poner en juego las habilidades que se requieran ante una circunstancia: concentrarse en una tarea escolar, tranquilizarse y controlar su exceso de movimiento, dominar la ira y no agredir a un compañero, potenciar sentimientos positivos que combatan la tristeza, etc.  

Contemplar una imagen o escuchar música 

En casa podemos crear hábitos de contemplación y de escucha que nos permitan despertar el sentido estético, el gusto por contemplar imágenes bellas y escuchar música y sonidos. Podemos utilizar láminas ilustradas, cuadros y obras de arte, paisajes proyectados en una pantalla mediante un proyector, una presentación PowerPoint, grabaciones de sonidos de la naturaleza o piezas musicales, o también combinando imágenes y sonido.  

Sugerimos a nuestros peques que serenen por unos instantes su mente y se dejen llenar por las impresiones de lo que están viendo y oyendo. Con el tiempo, aprenderán que un paisaje o una melodía pueden disfrutarse mucho más si se perciben con atención plena. Así habrán desarrollado una fortaleza personal que Peterson y Seligman denominan “Apreciación de la belleza y la excelencia”, y que es una fuente de felicidad para cualquier ser humano.  

Además de estas simples prácticas de Mindfulness para niños que acabamos de compartir, te invitamos a que compartas con nosotros todas aquellas ideas que se te ocurran y que te gustaría recomendarnos. 

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Alejandra Sánchez Yagüe

Directora de Mindtraining. Abogada, coach co-activa certificada profesional (PCC) y profesora invitada de la Universidad de Barcelona, Pompeu Fabra y UDIMA.

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